El conjunto de Martino es el que más pateó y el que mayor posesión de balón mantuvo en la primera fase, pero en la cancha aún carece de alternativas para lastimar al rival.
La serie de cuartos de final que protagonizarán Argentina y Colombia en Viña del Mar aparece en el horizonte de la Copa América como uno de los cruces más parejos de la primera ronda eliminatoria, pero las estadísticas parecen poner a los dirigidos por Gerardo Martino un escalón por encima del conjunto cafetero. Aclarando, por supuesto, que la historia y las estadísticas nunca se han llevado bien dentro de una cancha de fútbol.
Los dirigidos por José Pekerman accedieron a la segunda fase del certamen más antiguo de selecciones tras un derrotero poco digno:apenas un gol en tres partidos (producción más pobre entre los clasificados), justo el que significó el triunfo contra Brasil, en un partido en que Colombia solo pateó una vez al arco. ¿El resto? Derrota ante Venezuela en el debut y apenas un empate contra Perú. A decir verdad, del equipo que asombró a todos en Brasil 2014 solo parecen quedar los nombres.
Del otro lado, Argentina es el equipo que más veces remató al arco en la primera fase (18 disparos), y el que mayor posesión de balón sostuvo, con un 70,28% de promedio. Además, terminó el grupo invicto, con dos triunfos y un empate. En los números, impecable.
No obstante el factor matemático, que en estos tiempos acompaña al deporte en que, al fin y al cabo, 22 jugadores se desesperan por ganar pateando una pelota de lado a lado, Colombia y Argentina llegan al cruce por un lugar en las semifinales concientes de que pueden dar mucho más en esta Copa América.
Martino ha apostado, desde su llegada al banco de suplentes de la Selección, por una transición antitraumática, respetando nombres y cambiando, de manera muy paulatina, el estilo heredado por el entrenador subcampeón del mundo, Alejandro Sabella.
Sin embargo, su obsesión por la posesión del balón -al margen de la rima- no ha dado réditos a la altura de los pretendidos. Argentina tiene la pelota pero no sorprende con ella. Las diagonales de Di María y Agüero a las que los argentinos se habían acostumbrado hoy brillan por su ausencia. Messi baja a buscar el balón a la mitad de la cancha pero encuentra demasiados problemas en la búsqueda de socios. Y Pastore, que alterna malas y buenas, no termina de ser la llave que abra defensas rivales.
Y en defensa, ha quedado evidenciado en los tres partidos jugados que tiene notorios problemas para retroceder cuando pierde la pelota y, en muchas ocasiones, el equipo queda partido con poca presencia en el medio y mucha distancia en la primera y la última línea.
El resultado de los párrafos anteriores se grafica con la victoria tacaña sobre Jamaica por 1-0, con el dificilísimo triunfo ante Uruguay, y con el empate ante Paraguay en el debut. Nobleza obliga: Aquel primer tiempo fue de lo mejor que mostró el equipo, pero el segundo tiempo no hizo más que ratificar la anemia futbolística que a veces sufre Argentina.
Todas las palabras hasta aquí utilizadas no sirven para justificar fracasos ni argumentar errores. Argentina es más que muchas otras selecciones sudamericanas y, a priori, las intenciones del Tata Martino son, más que sanas, positivísimas (disculpe el exceso de superlativos) para el desarrollo de la Albiceleste. Pero la falta de sorpresa es, muchas veces, producto de ese toqueteo que le aporta timidez a un equipo que tiene las herramientas para arrollar a sus rivales y que termina conformándose, algunas veces, con no perder. Es como el muchacho que tiene enloquecida a su amiga pero en vez de darle un beso la regodea con piropos inconducentes.
Messi, para las estadísticas, es el jugador que más remates realizó y que más pases dio en campo rival. Messi, para los espectadores, es el hombre que todavía no mostró todo lo que puede dar. Y en esa distancia entre factores radica el mayor riesgo para el seleccionado de Martino: que la idea ignore al objetivo. El duelo con Colombia será la mejor oportunidad para demostrar el potencial de Argentina.En frente tendrá un equipo que ataca, que cede espacios y que, lamentablemente para José Pekerman, no tiene afiladas a sus figuras.
En Viña del Mar, Argentina dejará en claro si es la candidata de siempre o todavía necesita seguir puliendo el estilo en busca del título que lleva 22 años sin alcanzar.




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