La gloria que no fue: historia de la primera gran frustración del 10 de la Selección argentina.
Es uno de los que más lo conoce. Fue José Pekerman el que le adviritó a Hugo Tocalli, entrenador de la Selección Sub 20, y Julio Grondona, por aquel entonces presidente de la AFA, que había un chico en Barcelona que la rompía. Lo había visto en un partido en Leganés, cerca de Madrid. Había quedado desencajado, comprobado que el talento del pibe argentino era cosa seria. A partir de su consejo se generó un amistoso ante Paraguay. El partido "anti España". Una excusa para que el chico, desconocido en Sudamérica, vistiera la camiseta celeste y blanca y terminara de esquivar los rumores de que podía jugar para la Furia.
Fue quien le hizo jugar su primer partido en la Selección mayor. Debutó con la Albiceleste en un amistoso ante Hungría, en 2005. La aventura fue fugaz. El 10 ingresó a los 18 minutos del segundo tiempo y fue expulsado sólo un minuto después por un supuesto codazo.
Pekerman siempre lo apreció, y aún hoy el entrenador lo identifica como el mejor. Pero, cuando el argentino estaba a cargo de la Selección, decidió no quemar etapas con Messi. La Pulga tenía 18 años y, en el Mundial 2006, sufrió la primera gran desilusión en el fútbol. La decisión la tomó el actual director técnico de Colombia. Lo hizo debutar en el partido ante Serbia y Montenegro. Ingresó cuando faltaban quince minutos para el final y la Selección ganaba 3 a 0. La historia terminó 6 a 0, con un Messi electrizante que marcó un gol.
En el tercer partido, ante Holanda, fue titular en el empate ante el conjunto europeo. No hubo goles, pero ese día conformó una dupla extraordinaria con Riquelme. En octavos de final, ante México, ingresó en el complemento y volvió a ser desequilibrante. Era un Messi natural, muy fresco, que buscaba juntarse con sus compañeros y encarar a los defensores una y otra vez.
Ante Alemania, en los cuartos de final, llegó el gran golpe. Era un partido cerrado. Roberto Ayala adelantó al equipo de Pekerman, pero Klose lo empató a diez minutos del final. El entrenador metió mano en el equipo. Fue la jugada que lo condenó. A veinte minutos del final, sacó a Riquelme y puso a Cambiasso. Un minuto antes se vio obligado a incluir a Franco, el arquero suplente, tras la lesión de Abbondanzieri. Cuando faltaban once minutos para el pitazo definitivo, justo un poco antes del tanto alemán, incluyó a Julio Cruz en lugar de Crespo.
El jugador más revolucionario de ese Mundial había quedado afuera. La imagen, después de la derrota argentina por penales, recorrió el mundo: Messi en el piso, con la cara desorientada y abstraído de la situación. Fue el día que Pekerman rompió con la ilusión de Messi. Hoy volverán a verse las caras en el encuentro entre Argentina y Colombia, por los cuartos de final de la Copa América. Es sólo un condimento para un partido repleto de historias.

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