En la primera conferencia de prensa que da en suelo chileno, en su primera competencia importante como entrenador de Argentina, Gerardo Martino da la pauta de cómo entiende que se dividen, en estos momentos, las dos maneras principales de analizar un partido -con una impronta ideológica dentro de ello-: 1) desde el juego; 2) desde el resultado.
A priori, la discusión podría llegar a su fin rápidamente desde un enunciado: no existe resultado sin el juego porque para llegar al resultado hay que construir el juego. Pero esa concepción es incompleta. "Yo analizo desde el juego, ustedes desde el resultado", enfrentando a los periodistas, marcando una grieta que él mismo considera saludable para crecer como entrenador, ya que asume que la crítica bien dada lo ayuda. 
Martino le da figuración a su análisis desde el partido con Paraguay: "Argentina no hizo un partido bueno: fue un partido muy bueno. Durante setenta minutos, el rival ni siquiera pateó al arco", entiende. Su concepción, también, la llevan los jugadores. Sergio Romero, un día después del partido, planteó: "No fue un primer tiempo bueno, fue excelente". 
Hilando fino, hay veinte minutos de aquel partido que quedan sin poder resolverse. Martino va en busca de que el dominio dure 90 minutos y bajo ninguna circunstancia evalúa recular, aunque los cambios contra Uruguay del partido siguiente hagan creer que sí lo hizo. Pero, aún así, la discusión está en otro lugar: ¿el buen juego debiera llevar al buen resultado?
Por lógica, sí.
Aunque esa lógica depende un punto menos calculable en el fútbol: la definición, donde incide particularmente el talento momentáneo que demuestren los jugadores en ese instante. Martino, más allá de los goles desperdiciados, asume que al equipo le falta tener más movimiento: "Necesitamos ser desordenados con la pelota y ordenados cuando no la tengamos". Incluso, da detalles tácticos que pocos ven: necesita de laterales que puedan entrar por adentro, necesita juntar más jugadores en el área, precisa que Javier Pastore haga más de Pablo Pérez en Newell's y llegue como segundo centrodelantero, que Lionel Messi pueda recibir más rápido la pelota, sin la necesidad obligatoria de que el equipo construya todas las jugadas moviendo la pelota de un costado a otro.
Pero la definición es un problema. Hacer los goles terminaría la discusión: saciaría al juego y al resultado. Es más: resolvería desesperaciones que ocurren en el juego por culpa del resultado. Por eso, en la mañana de La Serena, en uno de los últimos entrenamientos en esta ciudad, Martino decidió entrenar los cruces entre todos los jugadores y los arqueros. El problema, en los números de ataque, se evidencia:
Argentina tuvo 33 tiros al arco en la primera fase y sólo 4 goles -Chile, con 36 tiros, es el que más veces pateó al arco-. Contra Paraguay, fueron 13 y dos goles. Contra Jamaica, 11 y un gol. Contra Uruguay, 9 y un gol. Su efectividad es de 12,12%.
Los jugadores que más patearon fueron: Lionel Messi, con 9 tiros y un gol; Ángel Di María, 8 tiros y ningún gol; Sergio Agüero, 6 tiros y dos goles; Javier Pastore, 3 tiros y ningún gol; Carlos Tevez, 2 tiros y ningún gol; Gonzalo Higuaín, 2 tiros y un gol.
Si la pelotita entra, dicen, se termina cualquier discusión.